Manuel Blanco Romasanta. Este nombre todavía causa pavor en Ourense. Un caso que llamó mucho la atención en el siglo XIX ya que fue juzgado y condenado por licantropía, por ser hombre lobo. Realmente es el primer psicokiller del que se tiene constancia y al parecer, él realmente se creía un lobo Fue perseguido por la Guardia Civil, motivo por el cual se exilió a Castilla bajo la identidad de Antonio Gómez. Fue detenido por la Guardia Civil en Nombela (Toledo) cerca de Escalona, el 2 de julio de 1852. Él negó en todo momento ser Romasanta, pero de todas formas fue llevado a Verín para ser juzgado. En el juzgado de Verín, su actitud cambió notablemente. Tras la detención, vino el juicio, por el que un sumario de más de 2000 folios detallaba al menos trece muertes, la mayoría mujeres. Este sumario desvela como, bajo la incredulidad de los presentes en el juicio, Romasanta declaraba que era víctima de una maldición que le hacía cometer los asesinatos. El decía entrar en un estado en el que su actividad humana cesaba y se convertía en lobo, estado que le duraba entre dos y ocho días. Así recorría los montes, acechando y merodeando. Además reconocía estar consciente en todo momento pero no poder hacer nada para frenar esa maldición, aunque después del trance se sentía muy arrepentido de los hechos.. Todo lo referente a Romasanta y su juicio se encuentran el Archivo Histórico del Reino de Galicia

 








 









           



 
 
   Relatos de terror

 


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    Recomiendo acompañar la lectura de esta sección escuchando la música de fondo   























Antes de que con sus declaraciones en el Juzgado de Verín
Romasanta diera pié a convertirseen "El Hombre Lobo" de Allariz,
el tendero fue a los ojos de sus paisanos "O home do Unto", "O Sacamanteigas".
Y así se le recuerda todavía en numerosos pueblos de la montaña ourensana
donde no falta quien piense aún que el "El Hombre Lobo" fue otra persona
y no todos aciertan con que "O Lobo da Xente" y "O do Unto" fueron la misma,
Manuel Blanco Romasanta.

Las historias que sobre éste llegan hasta nuestros días por transmisión oral,
en largas noche de fríos inviernos al calor de las lumbres de las cocinas
contadas por nuestros abuelos,se refieren a aquel ser inconcreto,
quizá más monstruo que hombre, que igual se zampaba a la criaturas que
a las mujeres cocía en enormes tinajas para sacarles la grasa.
Ciertamente Romasanta acabó convirtiéndose en un recurso tan frecuente como espeluznante,
manido relato de aquellos "fiadeiros" que a los más pequeños
acababa por mandarnos a cama con el cuerpo caliente
pero el alma helada, temerosos de que un ser así pudiera todavía vagar en aquellas noches
por cualquiera de las "carballeiras","fragas" y "outeiros" de nuestra Galicia.



Manuel Blanco Romasanta   
  
El hombre lobo español
Nació en 1810 en la provincia española de Ourense
Al principio le confundieron el sexo y la familia le puso de nombre Manuela.
Hasta que cumplió los seis años y el médico del pueblo les sacó de de dudas
y les aconsejó que lo llamaran Manuel a secas.
Esta confusión la arrastró durante toda su infancia como una cruz de plomo
debido a que en la escuela se burlaban de él,
ya que de repente, en el curso anterior representaba el papel de María en el Belén escolar
y al siguiente era San José.
Tras dejar la escuela se pone al servicio de su tío materno, Ramón Romasanta López .
Le enseña la profesión de sastre tratándolo con amabilidad y educándole en distintas disciplinas,
como la fabricación de jabones y perfumes.
Sin embargo, algo llamaba la atención de Manuel, era el hecho de que los días de luna llena
su maestro desaparecía y volvía con el cuerpo lleno de rasguños y mordiscos.
Cada vez que su sobrino le preguntaba el porqué de esas heridas,
su tío se limitaba a contestarle «é cousa de meigas

Pero la curiosidad mató al gato, y Manuel joven inquieto decidió descubrir
cual era el secreto que tanto atenazaba a su tío.
Esperó el siguiente plenilunio y salió tras él.
Al cabo de un rato de internarse en el monte observó como entraba en una cueva natural,
esperó unos minutos fuera y al ver que no ocurría nada, entró sigilosamente sin hacer ningún ruido.
Podía sentir claramente la presencia de un ser viscoso y frío que desafiaba las leyes de la naturaleza.
De repente, el horror que contempló en la oscuridad era de un origen tan primigenio qu
e hasta las mismísimas entrañas de la
tierra se estremecierón
y gritaron al unisono junto a Manuel formando una escalofriante polifonía


Feliz de abandonar a su tío Ramón, el joven se ofrece como guía de caminos.
Sus conocimientos de los montes es prodigiosa, casi natural
y todos sus clientes alaban sus cualidades.
Todo parecía marchar bien pero una noche de luna llena, algo comenzó a marchar mal.
Acompañaba a una mujer y a su hijo de diecisiete años.
Habían hecho un descanso para dormir y él se encontraba haciendo guradia nocturna.
Multiples pelos brotaron de su cuerpo, era capaz de lamerse en sitios que
sólo se lamería si pudiera hecerlo, una mosca se convirtió en algo extrañamente divertido
y lo peor era que para tumbarse a dormir tenía que dar tres vueltas sobre si mismo.
Acechó a las dormidas victimas y las despedazó.

Habiendo asesinado trece personas, sus vecinos empezaron a tener sospechas
y pensaron que su servicio no era demasiado bueno
cuando nadie volvía a saber del paradero de sus clientes.
Para evitarlas decidió huir a Castilla donde trabajó como segador.
Allí fue reconocido por la típica abuela que lo único que hace es leer los periódicos
y espia a los vecinos desde su ventana en busca de conspiraciónes

Una vez detenido confesó transformarse en una criatura poseída por el mal.
Cuando el fiscal le inquirió para que hiciera una demostración a la sala del tribunal,
Romasanta afirmó que
"la maldición sólo dura trece años y la semana pasada se cumplió el plazo y me curé".
Los médicos españoles dictaminaron que Romasanta
se encontraba en pleno uso de sus facultades
y que todos sus actos fueron voluntarios y no derivados de un posible caso de licantropía.
Sin más lo sentenciaron a morir en el garrote vil.

Pero claro, se le tenía que hacer más caso a un gabacho doctor–hipnólogo llamado Philips.
Éste le mandó una carta a la reina Isabel II pidiéndole el perdón
ya que Romasanta sufría de un desorden amoroso compulsivo,
que le instaba a abrazar a la gente hasta asfixiarlos.
Si después los devoraba era porque "los quería mucho".
La reina le conmutó la pena de muerte por la cadena perpetua.

Su rastro se pierde en la cárcel de Celanova
y José Ferro, antropólogo de la Universidad de Santiago,
mantiene que "murió en la cárcel, vestido de mujer y cobraba unas monedas
por enseñar su rostro a los visitantes
"

Maunel Blanco Romasanta ha pasado a la historia
como el único caso documentado de licantropia acaecido en España.
La leyenda aún permanece viva 





Imagen de Romasanta. La caza de la bestia
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Imagen de Romasanta. La caza de la bestia